¿Escribido? Definitivamente no. ¿Pero Imprimido?

Por Elizabeth Guía Magallanes

Teacher and parent in classroomEl español, como muchos idiomas, tiene su universo de reglas y con ellas, inevitables peculiaridades y excepciones que usualmente asimilamos a fuerza de oírlas o leerlas. De la misma manera, de mucho oír que algo es correcto o incorrecto, podemos adoptarlo sin tomarnos el tiempo de averiguar si en efecto lo es. Es el caso de “imprimido” a menudo señalado como incorrecto sin serlo. Podemos decir imprimido o impreso, indistintamente.

El siguiente relato, que combina libremente textos de autores famosos, incluye los únicos cinco verbos que aceptan tales dobles participios.  ¿Los podrías identificar?

La madre se lo confesó explícitamente: “Ante mi ley moral, lo que siento no es un ningún crimen. El crimen es haber bendecido ese matrimonio.” Nunca se lo perdonaría al fraile, ni ella ni nadie. Que la gente estuviera en desacuerdo no era un secreto; lo que más asombraba era que al bendito novio no se le ocurriese ni remotamente irse de ahí, ni plantarle a sus verdugos, un bofetón de cuello vuelto.

Afortunadamente, medio pueblo se volcó al tema de las elecciones, dejando a la joven pareja en paz. El único que sufría era el bondadoso Conde, electo diputado y ya en camino a la capital, preocupado por los agravios que tendría que deshacer y tuertos que enderezar pues no pocos delegados, elegidos antes de su nombramiento, a todo trance querían ministrar, aunque fuera sólo por un par de semanas más, para repartir docena y media de destinitos entre los hambrones de la familia.

Cuando el fraile, mortificado por todo lo que estaba pasando, llegó a casa de don Quijote, ya él estaba levantado de la cama, y proseguía en sus voces y en sus desatinos, dando cuchilladas y reveses a todas partes, estando tan despierto como si nunca hubiese dormido.  Sancho revisaba la maleta, sin dejar rincón en toda ella, ni en cojín que no buscase, escudriñase e inquiriese, ni costura que no deshiciese: tal apetito habían despertado en él las monedas halladas.

Al ver aquello, el fraile dijo, “Muchos años ha que es grande amigo mío este hombre, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Entretanto que esto se resuelve, tenedle recluso en esta posada.” Don Juan Haldudo, que llegaba en ese momento con su criado Andrés, se apresuró a responder, “Será porque vive recluido que se la pasa diciendo disparates”, a lo que el fraile acotó, “Dejémoslo así y regresemos que ya se ven relámpagos extensos en el horizonte.” Y se fueron de ahí. El asunto no carecía de tristeza pues en verdad, les importaba poco la vida o la muerte de ese y tantos otros hombres que vivían en la miseria. Nadie había extendido una mano para sacarlos de ella, hasta seguían llamándolos locos o borrachos, pero en cambio se indignaban contra las autoridades, creyendo o fingiendo creer, que con eso practicaban la caridad.

En la plaza estaba un caballero arengando, inútilmente, a un grupo de cabreros que, embobados y suspensos, le escuchaban hablar de la edad dorada. Don Juan y su criado continuaron su camino, encontrándose con unos sauces que, como una lluvia de yerba suspendida en el aire, les hacían cosquillas con las puntas de las ramas. Fue una breve tregua pues enseguida los atacó el sol tan apriesa y con tanto ardor, que era como para derretirle los sesos a cualquiera.

De camino a la casa del converso Enríquez descubrieron que, al menos en uno de sus desvaríos, don Quijote parecía tener razón pues hallaron a la bella Dulcinea convertida de princesa en labradora. “Más estoy para llorarla que para describirla”, les había dicho con toda razón, el atribulado caballero andante.

Enríquez les habló de un nuevo libro intitulado “El ingenioso Hidalgo de la Mancha” que a su parecer no había sido bien recibido por lo que no fue imprimido más que una vez. “Pero no, –refutó de inmediato el Escribano de Cámara que llegaba en ese momento- se publicarán muchos más y, por encomienda del Rey, yo mismo he de asegurar que cada impresión vaya de acuerdo al original, dando fe como corrector de que queden impresas las erratas por mí apuntadas, para cada libro de los que así fueran impresos.” “Pues si es así, no hay más que hablar”, respondieron los otros.

El Escribano entonces les habló de un poeta del futuro, un tal Neruda de quien recitó, de memoria y no sin cierto histrionismo, varios versos, empezando con: “Porque está escrito en donde no se lee que el amor extinguido no es la muerte sino una forma amarga de nacer”, y finalizando con, “He aquí mi voz extinta. He aquí mi alma caída.” Se hizo un breve silencio que el criado de don Juan rompió, obviamente por no haber comprendido la profundidad de aquellas palabras, “No nos hemos proveído de los víveres que necesitaremos para el viaje de mañana, mi señor.” A lo que éste no respondió. Sólo lo miró, severo, para responderle más tarde que él sí se había provisto de todo lo requerido.

Y así, habiéndole expresado su sinsabor, reanudaron su recorrido, encontrándose a Sancho quien desaliñado le daba pasto abundoso al rucio. Según les dijo, no le quitó la silla a Rocinante, por ser expreso mandamiento de su señor. Se le quejaron a cuenta del calor inclemente de aquella tarde de verano que parecía haberles freído las plantas de los pies, y continuaron caminando. Al llegar a la posada se encontraron con que Marcela, la pastora, les tenía preparados unos chorizos tostados, pan duro, huevos fritos y mal vino, ¡mejor, eso les despertaría el hambre y la alegría infantil!

Nota: En la creación de este relato se usaron como referencia (y no literalmente), textos de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), Benito Pérez Galdós (1843-1920), Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1616), Leopoldo Alas Clarín (1852-1901), Juan de Valdés (1509-1541) y Pablo Neruda (1904-1973). Según la Real Academia Española, los únicos verbos que aceptan dos participios –regular e irregular- son: bendecir, elegir, freír, imprimir y proveer. En todos los otros casos, sólo hay un participio del verbo. El adjetivo correspondiente puede tener un significado distinto, como en el caso de “suspenso” que no significa suspendido sino admirado, perplejo.

About Elizabeth Guia Magallanes

Elizabeth Guia Magallanes
Es ingeniero y planificadora financiera de profesión y escritora de vocación. Ha publicado poesía, narrativa, artículos en revistas y periódicos, y colaborado como libretista en proyectos para la televisión hispana.