La historia de Anna Rodríguez, una abolicionista del siglo XXI

Anna es una de esas personas que desde su espacio de madre y esposa, se encontró en la posición de servir y cambiar una de las leyes más arcaicas que existían en este país sobre trata de personas.

No sufrió abusos, o, gracias a Dios,  ninguno de sus hijos.  Sin embargo esta nativa de Santurce, Puerto Rico, que se afincó en Florida en los años noventa, nunca se imaginó que su lucha la haría llegar hasta Washington para cambiar leyes y combatir uno de los peores flagelos de la humanidad: la esclavitud de personas.

Después de haber emigrado en 1975 desde Puerto Rico, Anna Rodríguez estudió la universidad en Miami-Dade y luego, ya casada, se trasladó a Naples donde se dedicó a cuidar de su familia.

Cuando empezaron a crecer sus hijos (tiene cuatro: dos mujeres y dos varones), empezó a involucrarse en el trabajo comunitario.

“Empecé en 1995 trabajando en una casa de refugio para mujeres abusadas por violencia doméstica”, dice Anna con voz clara y español perfecto.  Debido a su fluidez en este idioma, fue natural tomar varios cursos y trabajar con la policía local como intérprete.

Detrás de la cálida y cosmopolita comunidad ubicada en el condado de Collier, se escondía una realidad nada agradable.

“Los viernes y sábados íbamos a Immokalee (zona mayormente agrícola) y trabajaba de 4pm. a 2am. Era una comunidad de haitianos, salvadoreños, guatemaltecos y mexicanos”, recuerda Anna. Además de violencia doméstica entre inmigrantes, había casos de incesto, explotación sexual, homicidio y suicidio.

La oficina de Anna estaba dentro de la comisaría. “Uno de los problemas con la policía era que no había dirección física de las víctimas”, dice la activista. “Tuve que adaptar mi horario para poder hacer contacto con ellos. Iba donde se reunían y me vestía de forma sencilla para ganar su confianza”, relata.

A los tres meses, muchas personas empezaron a llegar a la oficina a “buscar a la señora que ayudaba a los inmigrantes”.  Anna recuerda con humor que el sitio se llenó tanto que llegó a un punto en que los policías decían que era una oficina de un doctor.

ANNA Rodriguez WEB

Anna Rodríguez

“Empecé a educar a los policías en la cultura hispana”, indica Anna. Pero esto fue solo el comienzo.

La joven Quiché y el caso Tecum

En 1999, Anna Rodríguez encontró a su primera víctima de trata de personas y con este caso se abrió para ella todo un universo desconocido.

La policía fue llamada por violencia doméstica entre una pareja de guatemaltecos. La esposa, María Tecum, había encontrado al esposo, José Tecum, con la joven sirvienta, le reclamó y éste le pegó.

Anna nunca olvidará el cuadro al entrar a la vivienda: “A la izquierda había un colchón y más allá una niña vestida con un con traje típico guatemalteco, que nunca me miró a los ojos”.

Fue curioso para Anna que arrestaran al hombre, José Tecum, pero no entrevistaran a la niña. “La saqué fuera de la casa y nos sentamos en la escalera de la entrada”, cuenta.  En esa corta conversación Anna Rodríguez se enteró que se trataba de una chica de la raza Quiché de Guatemala. Su nombre era María Choz y había sido traída al país por Tecum para trabajar, pero solo más adelante Anna de enteraría de cómo lo hizo.

“No me lleva a la escuela, solo a la finca. No me da ni 25 centavos para comprarme un refresco. No quiero estar con él. Me siento como una esclava.”, le dijo la chica a Anna.

Esta última frase resonaría en la mente de Rodríguez para siempre. “Uno piensa que en esta época ya no existen esclavos”, manifiesta. “Pero allí me di cuenta que sí y que en ese tiempo no existían las leyes apropiadas”, añade Anna.

Lo peor fue que la joven le dijo a Anna que no podía irse pues el patrón tenía “un mechón de su pelo y la había amenazado con matar a sus padres si se iba”.

Cuando Anna Rodríguez se montó en el carro siguió pensando en ella. “Fui ocho veces ese día, tratando de ver cómo la sacaba porque la ley establecía que tenía que haber un parentesco sanguíneo para hacerlo”, relata Rodríguez.  A las 4:40 de ese día le notificaron que Tecum había salido de la cárcel.

Anna habló con los policías de inmigración para enfatizar que la niña no era una criminal sino una víctima. “Llamé a una supervisora del Departamento de Niños y Familias y le dije: ‘necesito tu ayuda’, esta niña está en peligro”, recuerda Anna.  Esa supervisora le envió una investigadora y con ella regresaron al hogar de los Tecum.

CUADRO DOS

Los cuadros que ilustran esta nota son realizados por las víctimas rescatadas por la organización que dirige Anna Rodríguez. Son exhibidos para hacer conciencia sobre el problema.

“La mujer (María Tecum) me insultó y me preguntó que qué hacía allí”, cuenta Anna sobre esos tensos momentos. Para llevarse a la niña, Anna tuvo que decirle que había ido al brujo de Immokalee y que no tenía que preocuparse por el mechón de pelo ni sus padres.  La jovencita salió con una bolsa donde tenía nada más unos interiores que no quería porque “le recordaban lo que él le hizo”.

Ya en el carro, María Choz abrazó fuertemente a Anna Rodríguez y le dijo “gracias”.

El caso “Estados Unidos vs. José Tecum” se convirtió en un precedente para el tráfico humano en este país.  “Fue muy interesante. Tuvieron que llevar a juicio a Tecum con las leyes que existían de esclavitud de este país”, explica Anna.

Anna Rodríguez viajó hasta Patachaj, a cuatro horas de Guatemala, para investigar el caso y supo que Tecum había emborrachado a su padre para secuestrar a  María Choz, que tenía 15 años en ese entonces.  Tecum también había violado a María y ésta quedó embarazada, pero por falta de cuidado médico, el bebé murió. Luego fue traída por la frontera con México y llevada a una finca primero en California y posteriormente en Florida.

“El control (de Tecum) llegó hasta el juicio”, recuerda Rodríguez.  Cuando María entró, Tecum se paró y empezó a amenazarla en lengua Quiché (un dialecto Maya) pero el traductor de la corte tradujo todo.  Incluso los padres de María fueron traídos a testificar.

El 19 de octubre de 2000, José Tecum fue encontrado culpable de varios cargos y sentenciado a nueve años de cárcel.

La lucha abolicionista

“Me quedé sorprendida de que la esclavitud aún existía a pesar de la declaración de emancipación. No me daba cuenta que había otro tipo de crimen que estaba ocurriendo y que estábamos ciegos ante este crimen”, asevera Anna Rodríguez.

CUADRO TRESEl caso Tecum fue presentado ante el Congreso de los Estados Unidos como soporte de la futura ley llamada Trafficking Victim Protection Act 2000 (TVPA por sus siglas o Acta de protección de víctimas de tráfico y violencia de 2000), que fue firmada por el presidente Clinton.

Han pasado dos siglos pero “nadie hablaba de la trata”, explica Rodríguez, y sobre todo de lo que sucede después con las víctimas.

El 23 de enero de 2002, el entonces Attorney General de George W. Bush, John Ashcroft, hizo el anuncio de la emisión de la visa T, para ayudar a obtener la residencia a las víctimas que colaboren con la justicia para encarcelar a los traficantes. Fue un gran paso para ellas.

Anna Rodríguez, María Choz y los responsables del caso fueron invitados al importante anuncio.

“Recuerdo que a nadie le interesó pues justo había pasado el caso del Unabomber”, dice Anna. “Los medios se hubieran dado cuenta que había una indígena entre ellos, pero la ignoraron”, añade.

Para Rodríguez, con la medida, se estaba firmando la libertad no solo de María Choz sino de otros esclavos. “Le dieron la pluma a María y el agente le regaló un pañuelo”, recuerda Anna.

Hoy María está casada y tiene tres hijos y una de ellas se llama Anna Guadalupe, en honor a quien la rescató.

A partir de ese entonces, en el condado Collier, Anna se convirtió en la persona que llamaban cuando sucede este tipo de casos. “Allí se empieza a crear la primera Fuerza de Trabajo del estado de Florida, el 16 de julio de 2004 y se empieza a entrenar a las diferentes agencias, aunque aún nadie hablaba de tráfico humano”, dice Anna.

En la Conferencia Nacional sobre Tráfico Humano realizada en Tampa en 2004, el presidente George W. Bush reconoció la labor heroica de Anna públicamente.

“Se dieron fondos para el tema de la trata de personas. Sin fondos no se hubiera podido avanzar pues no había refugios ni programas para recibir a las víctimas, que eran tratadas como criminales”, manifiesta Anna Rodríguez.

CUADRO UNOEn mayo de 2004, Anna funda la Coalición de Florida en contra del tráfico humano y empieza a “revolucionar el estado” y a cambiar las fallas en el sistema. Una de ellas es que las víctimas solo podían quedarse un mes en los albergues y frecuentemente volvían con su abusador.

“Ahora los programas duran hasta 20 meses y salen con un título, sacan licencias de cosmetología, estudian cocina. En vez de estar viendo Univisión y Telemundo, hacen terapias artísticas, aprende inglés y finanzas, además de contar con asesoría legal”, asevera la directora.

“Hemos rescatado unas 500 víctimas y reunificado 12 familias desde 2008”, expresa la directora.  La organización se encuentra en el centro de Florida, donde Anna dice que se ha trasladado este problema.

Pero, ¿qué es el tráfico humano?

“Hay una ley y es muy clara”, explica Anna Rodríguez. “Para ser considerada víctima se contempla tres factores: Coacción, Fraude y Fuerza. Si no hay un intercambio comercial no es trata”, añade.

“Es maravilloso como ahora la gente quiere ayudar pero no estudian la ley, no investigan para saber qué es lo que está pasando.  Es importante saber quiénes están ayudando a esto y unirse a las organizaciones ya existentes”, manifiesta Rodríguez.

De acuerdo a la experta, se cree que entre 80.000 y 100.000  personas son explotadas sexualmente.  Pero no se sabe con exactitud pues no hay un centro de información que reciba lo que reportan las agencias. “Lo que existe son estimados. Tan solo hay 75 casos juzgados de trata de personas pues no todos los casos de personas llegan a juicio”, comenta.

Por otro lado se cree que entre 14.000 y 17.000 víctimas de tráfico humano entran a los Estados Unidos. “En 2002 se dio el primer número oficial.  Entre 20.000 y 50.000 víctimas entraban al país, generando unos 9 mil millones de dólares anualmente”, asevera Rodríguez.

A pesar de la concienciación y los esfuerzos, los casos no paran. Desde una mujer salvadoreña que fue traída como esclava doméstica a Fort Myers, cuyos patrones la quemaron con cloro y no la alimentaban por días, hasta unos 300 afroamericanos que eran drogados para que trabajen en una finca de papas en Jacksonville. Las historias de horros son múltiples.

La denominada Gran Recesión no ayudó a la causa. “Donde quiera que voy ha habido una baja en la trata sexual y duplicación en la trata laboral pues la economía crea una demanda de mano de obra barata. Este tipo de tráfico es el segundo crimen después de las drogas”, dice Anna.

A nivel mundial el gobierno anunció recientemente que existen 20.5 millones de víctimas de tráfico humano. De estos 14.2 millones corresponden a la trata laboral y 4.5 a la trata sexual.  Otro tipo de trata laboral es la impuesta por los estados en las prisiones a 2.2 millones de reos.

“La trata laboral ha aumentado un 43%”, indica Rodríguez, mientras que la sexual ha subido un 19%.

¿Quiénes cree usted que construyen los hoteles, estados, carreteras en las islas del Caribe como Belice o Bahamas?, pregunta Anna. “Son chinos, que viven en campamentos”, responde ella misma.

“El 80% de las personas que trabajan en las factorías explotados”, indica Rodríguez, que asevera que es un negocio de 615 mil millones de dólares.

Rodríguez no duda en decir que “Walmart es uno de los suplidores más grandes de esclavitud de niños que trabajan en factorías como Cambodia o Bangladesh”.

“Yo no consumo pornografía ni apoyo la prostitución, pero todos somos parte de la explotación laboral”, sentencia.

Por último, se está viendo el tráfico a la inversa, de norteamericanos a otros países. “En Argentina hay chicas que van a modelar o trabajar en clubs de striptease”, anota.

¿Qué puede hacer usted?

Hands tied up with ropeDesgraciadamente Florida está entre los primeros cinco estados donde hay más trata de personas. Pero usted puede hacer algo para combatir este negocio de 34 mil millones de dólares.

“Es importante que se empiecen a educar. Los padres de niños tienen que estar un poco más vigilantes y pendientes de lo que hacen en la computadora. Las redes son puntos importantes para reclutar. Deben advertirles que no se comuniquen, no hablen o no den información”, advierte Anna.

“No pongan fotografías ni digan que van al cine. Si la foto es de interés, puede ser impresa y los traficantes ir al mall. Primero crean una amistad y empiezan a enamorar a las muchachas”.

Rodríguez recuerda con pesar el caso de Shauna Newell, en Pensacola en el que una chica de 17 años fue invitada por una amiga, sin saber, a la casa de un traficante.  “Le dieron drogas, la abusaron muchas veces varios hombres y fue tanta la droga que le dieron que se desmayó y la dejaron en un 7-11”.

“Los padres deben estar pendientes de los hijos, de quiénes son las personas con quien andan”, explica Anna.

Además las personas pueden sospechar si cuando entran en un restaurante las trabajadoras o trabajadores evaden la mirada, se ven cansados.  “Algunos son transportados en vanes. Cuando veo una “van” detrás de un restaurante, sospecho”, dice Anna, quien una vez rescató 27 empleados.

La misma señal de alerta va para los anuncios de trabajo en supermercados latinos que digan: “Se necesitan hombres y mujeres. Sin experiencia, ni inglés. Se requiere que tengan familiares en Latinoamérica”, explica Rodríguez.

¿Existe un perfil del explotado?

“La víctima más joven que he visto es de 9 meses, cuya  madre de 14 años recogía tomates de día y de noche era esclava sexual.  Era como una muñeca de trapo la nena, la habían tatuado con las iniciales de los traficantes y la iban a vender en el mercado negro”, relata con tristeza la directora de la coalición.

Los países desde donde los traen son Guatemala, México, Santo Domingo, Nicaragua y El Salvador. En el mundo provienen de Asia, India, Indonesia, Tailandia, Filipinas, China, Rusia y Rumania.

Rodríguez confiesa que hay días en que quisiera retirarse de la lucha. “Pero hago esto no por dinero o fama, ¿cómo le voy a poner valor al sufrimiento de una vida humana? Para mí esto no es un trabajo, sino una pasión. Todos aquí somos voluntarios”, enfatiza.

Anna Rodríguez perdió un hijo y con su labor dice “darle vida a su nombre”. “En cada víctima, veo a mi hijo José Gabriel, que murió a los 43 días de nacido”,

En la Coalición y otros lugares, se exhiben los cuadros que pintan las sobrevivientes para que las personas conozcan a las víctimas.

LIBRO“Ser parte de esa evolución semanal, el verlos reunificarse con sus familiares y que ya no son esclavos, que están viviendo el sueño americano”, es la mayor gratificación para Anna.

Con razón las víctimas le dicen a Anna “Mom”, pues para ella, todas son sus hijas.

 

Nota de la editora: Ma’am Anna: The Remarkable Story of a Human Trafficking Rescue”, de Anthony Bunko, con la historia de Anna Rodríguez, está por ser publicado

 

About editor

Periodista y editora de medios hispanos en EE.UU. desde 1996. Ganadora de varios premios Oro de la NAHP por sus reportajes de negocios y educación. Puede escribirle a adriana@lafamiliadebroward.com