La mujer independiente sigue siendo mujer

Ser mujer trae consigo uno de los dilemas femeninos más complicados de la época moderna. Las mujeres nos debatimos diariamente entre nuestros instintos maternales y la independencia social, entre la emancipación económica y ese espíritu nutridor que nos mantiene conectadas con nuestro nido. Si usted también es mujer, estoy segura que más de una vez  ha luchado por decidir entre su liderazgo en la calle y el amamantamiento afectivo de su hogar.

En la actualidad, las mujeres hemos ganado muchas batallas en cuanto a la independencia: tenemos derecho al sufragio, incursionamos en las más complicadas áreas laborales, competimos en todos los deportes y hasta podríamos decir que en muchas áreas lideramos y aventajamos al hombre. Sin embargo, no importa de qué cultura  vengamos, siempre tenemos una innegable conexión con nuestra naturaleza femenina, conexión que puede haberse ensombrecida como consecuencia de nuestra inmersión en la autosuficiencia, autodeterminación y emancipación.

A continuación les detallo algunas de los dilemas que la mujer enfrenta en su continua búsqueda de independencia:

  1. La mujer se debate entre su libertad, bien merecida, y su necesidad de vinculación en el hogar, entre su camino de crecimiento económico y su naturaleza protectora, entre sus derechos sociales y sus instintos maternales. Alcanzar un balance para satisfacer sus habilidades creadoras en el campo laboral y al mismo tiempo quedarse conectada con su alma protectora, no es una tarea fácil, pero es definitivamente posible.
  2. La psique de la mujer está cargada de creatividad, intuición e imaginación, cualidades que la hacen extremadamente exitosa en cualquier área laboral  y por tanto más propensa a lanzarse al campo de trabajo. Por otro lado, su naturaleza siempre la lleva a encontrarse con esa necesidad de retornar al hogar para entregar, proteger, amamantar, amar, nutrir. Sin estos elementos muchas mujeres nos sentimos perdidas, ya que el amor y la entrega en el hogar personifican lo que somos. Esta dualidad  hace nuestro conflicto interno aún más intenso: esa fuerza femenina nos impulsa a tragarnos el mundo al mismo tiempo que nos lleva a buscar una conexión afectiva, que nos induce a soñar, que nos conduce a cuidar un amor tanto como cuidamos un jardín de flores.
  3. En las naciones de gran desarrollo las mujeres que laboramos nos vemos obligadas a abandonar nuestros hogares en pro de la productividad y con ello se nos presiona para desvincularnos de unos de nuestros más bravíos instintos: el maternal y el amoroso. Muchas optamos por vivir entre el hogar y el trabajo en la búsqueda continua de equilibrio entre sus dos vidas. Otras, llegado el momento decisivo, optan por una de sus dos vidas y dejan la otra detrás por la imposibilidad de conjugar ambas, lo que les deja un sinsabor, un vacío en su existencia.
  4. Se ha mal entendido la liberación femenina como un movimiento social que promueve una mujer fría, distante, indiferente. Nada más lejos de la realidad. Se ha fomentado la imagen de una mujer que compite por la igualdad con el hombre. Competir, quizá por la igualdad de derechos sociales, pero nunca  por alcanzar la igualdad de existencia, de vidas, ya que iría en contra de las más hermosas fortalezas de la mujer: su habilidad  para cuidar, proteger, amar, nutrir. La mujer independiente, sigue manteniendo su calidez femenina, su sensibilidad a flor de piel.

El re-encuentro de la mujer con su intenso espíritu femenino la lleva a asumir prioridades  y la conduce a la búsqueda constante de equilibrio. La lleva al reencuentro de su espiritualidad, de su centro instintivo, de un pecho donde recostarse, de un hogar al cual nutrir, de un niño a quien arrullar. Por eso, estoy convencida de que aún la mujer más independiente lleva por dentro un alma creadora, sensible, pasional y sobre todo maternal.

 

About Adriana Carrera

Periodista y editora de medios hispanos en EE.UU. desde 1996. Ganadora de varios premios Oro de la NAHP por sus reportajes de negocios y educación.