María Lourdes Afiuni: La jueza que desafía el poder autocrático

CARACAS, VENEZUELA.- Un país en el cual el sistema judicial está supeditado a las órdenes del presidente de la República, donde el 95% de los jueces ha sido destituido o jubilado en los últimos seis años y donde los administradores de la justicia son temporales, difícilmente puede definirse como democrático.

Eligio Cedeño

Eso lo sabe la abogada y ex jueza María Lourdes Afiuni Mora, detenida en esta ciudad, por su supuesta participación en el delito de corrupción judicial, al presuntamente facilitar la fuga del país de un reo, el empresario Eligio Cedeño.

Hasta el 10 de diciembre de 2010 Afiuni fue jueza. Como todos los días, de sus seis años en el tribunal 31 de control de Caracas, llegó temprano a su despacho para revisar los cientos de casos por resolver.

Ese día tenía la responsabilidad de decidir si enjuiciaba en libertad a Cedeño, acusado por el Gobierno de Chávez de cometer ilícitos por la importación de equipos de computación.

El imputado, un ex corredor de Bolsa convertido en banquero, tenía dos años y medio detenido sin que se le hubiese iniciado juicio alguno. Y las leyes venezolanas son radicales: un procesado no debe estar en prisión por más de 24 meses sin juicio. Y si este se inicia, la libertad debe ser la norma y no la excepción.

Basada en este precepto, Afiuni ordena libertad condicional para Cedeño, estableciendo un régimen de presentación cada ocho días en el tribunal y prohibición de salida del país, mientras el proceso penal seguía su curso. Emitida la boleta de excarcelación, el empresario sale del tribunal, con rumbo desconocido.

Apenas a los 15 minutos de emitida la decisión de la Jueza, ésta es detenida por funcionarios de la Fiscalía local, sin explicación precisa. Sólo se supo que fue consecuencia de la medida a favor de Cedeño, un acérrimo oponente de Hugo Chávez.

La misma noche de su detención preventiva, el presidente de Venezuela se dirige al país en cadena nacional y exige pena de 30 años de cárcel para Afiuni, “por haber dejado en libertad a un banquero corrupto y contrarrevolucionario” y advierte que en tiempos de la Independencia de Venezuela, seguramente la jueza habría sido fusilada.

Luego de escuchar a Chávez, Afiuni supo que su detención sería larga. Ha dicho públicamente que no se arrepiente de su decisión y que la volvería a tomar en el caso de que regresara al poder judicial de Venezuela. “Pero con otro Gobierno y en otro sistema”, ha dicho a la prensa la abogada.

La mañana siguiente al hecho fue destituida de su cargo y se ordena su reclusión en la policía política. Días después, es trasladada a la cárcel de mujeres de Los Teques, a las afueras de Caracas, en donde estaban presas 24 mujeres condenadas por ella. La mayoría de ellas por delitos de narcotráfico.

Su celda durante 14 meses fue un pequeño espacio de dos metros de ancho por tres de largo, estaba justamente frente al que albergaba a las reclusas de más alta peligrosidad del penal. No podía salir a caminar, tomar sol o a participar en los oficios religiosos que se organizaban en la cárcel, por temor a ser agredida. “Escuché muchos insultos y amenazas”, decía una y otra vez María Lourdes.

Solo iba a la calle a los tribunales, luego de ser esposada. Siempre fue escoltada por un contingente militar.

Durante estos meses de calvario y de sufrimiento, Afiuni sólo tuvo contacto con el mundo exterior por su Blackberry, en donde se comunicaba con familiares, amigos y cientos de ciudadanos solidarios con su causa.

Caso internacional

Foto de la jueza Afiuni en la cárcel, tomada por su hermano menor Nelson/fotos cortesía familia Afiuni

Sus familiares se han convertido en apóstoles por su libertad y han llevado su caso a instancias internacionales como la ONU, OEA, Unión Europea, Comisión Andina de Juristas, entre otros.

Sus abogados han señalado que su caso evidencia la injerencia del poder ejecutivo en el judicial, lo cual lesiona severamente la democracia venezolana y ha instaurado el “síndrome Afiuni” en el sistema de administración de justicia. Ningún juez se atreve a participar en un juicio polémico o político y el grado de inhibiciones en procesos penales es extraordinariamente alto en la nación sudamericana.

Precisamente por la presión de instancias internacionales, el “caso Afiuni” fue ponderado por el Gobierno. La exposición del caso, unida a los severos problemas de salud de la ex jueza, quien fue operada de urgencia en un hospital oncológico, propició una medida de cambio de centro de reclusión para María Lourdes.

Desde el 8 de febrero de 2011 está detenida en su casa, ubicada al este de Caracas. Debe acudir cada ocho días a los tribunales, en donde aún no se inicia el juicio, y no puede declarar a los medios de comunicación social. Mientras recupera su salud y espera su sentencia, Afiuni recibe visitas de amigos, estudiantes de derecho, periodistas y de activistas políticos. Una misión del senado de España vendrá pronto a Caracas a entrevistarla.

Invierte su tiempo en investigación penal, lecturas y juegos de mesa. A veces se desespera al pensar en su futuro de Venezuela y el de su única hija, Geraldine, de 19 años, estudiante de derecho. Como madre soltera, ha tenido que afrontar sola la crianza y educación de la joven. María Lourdes más nunca recibió su sueldo como jueza de la República y gracias a la ayuda de su familia ha podido cubrir los gastos de su casa.

En sus días en la cárcel hablaba mucho con los medios. En alguna ocasión dijo que está consciente de que es una presa de Chávez, que el sistema judicial de Venezuela murió y que su práctica penal sería la misma en un futuro, cercano o lejano: muy estricta sobre todo con las mujeres que abandonan a sus hijos.

Aunque confesó que le hubiese gustado ser menos severa. Los golpes sensibilizan. Se visualiza en un futuro trabajando por el adecentamiento del sistema judicial de Venezuela y por los derechos de los presos y de sus familiares.

De Eligio Cedeño no supo nada más. Lee con atención la prensa y sabe que desde Miami, él ha asegurado que ella e inocente.

El empresario se encuentra en los Estados Unidos, nación que le otorgó asilo político hace dos meses. Reside en Miami y se dedica al negocio financiero a la par de una fundación, en donde apoya a estudiantes hispanos de escasos recursos.

Asegura que no dormirá tranquilo hasta ver a Afiuni en libertad y que desde su espacio denuncia en todo el mundo lo que ha definido como “escabroso caso” de injerencia del Presidente en la administración de justicia en Venezuela.

En estos momentos, María Lourdes Afiuni Mora es un símbolo de resistencia pacífica y de integridad que no ha podido ser quebrantada por las amenazas de regresarla a una prisión de alta peligrosidad o por sus problemas de salud. Sus familiares aseguran que se mantiene firme y serena, esperando mejores tiempos para Venezuela.

About Adriana Carrera

Periodista y editora de medios hispanos en EE.UU. desde 1996. Ganadora de varios premios Oro de la NAHP por sus reportajes de negocios y educación.