Qué estilo utilizar para invertir en acciones

Por Andrés Cardenal *

Es importante tener claro cuál es la idea que lo mueve a tomar una determinada decisión de inversión a la hora de comprar o vender una acción. Cada uno tendrá su estilo y, si bien muchos combinan diferentes estrategias al mismo tiempo, siempre conviene saber bajo qué concepto se decidió llevar adelante cada operación.
Para realizar un seguimiento adecuado de las posiciones y aplicar una operatoria coherente resulta provechoso conocer los motivos que llevaron a la decisión inicial del negocio.
El inversionista de crecimiento es aquél que se enfoca en las empresas que presenten las mejores perspectivas de expansión en lo que respecta a la demanda de sus productos o servicios.
En muchos casos suelen ser firmas con un alto componente de innovación, sectores como las tecnologías de información y todo lo relacionado con Internet, energías alternativas, biotecnología o que muestren expectativas atractivas en el mediano plazo.
Los inversionistas que eligen las empresas en base al crecimiento esperado de sus ventas, son capaces de aceptar compañías cuyas ganancias sean difíciles de pronosticar dado que este suele ser el precio que pagan a cambio de las perspectivas más estimulantes.
Generalmente, son tan activos, que prestan atención a la evolución en el precio de las acciones además de sus perspectivas fundamentales. Cuando detectan cambios importantes en ellas están dispuestos a comprar o vender sus papeles rápidamente, ya que saben que los pronósticos en esta clase de negocios pueden ser muy cambiantes y la flexibilidad es una característica muy valorada dentro de este estilo de negocios.
Los inversionistas de calidad, en cambio, eligen empresas que ofrezcan un comportamiento fundamental sólido de largo plazo.
Los negocios de mayor calidad son los elegidos a la hora de seleccionar oportunidades y se enfocan en compañías de gran tamaño de sectores estables como consumo masivo, alimentos y bebidas, servicios públicos o salud.
A su vez, valoran a las empresas que tengan flujos de caja sólidos y que presenten características que brinden estabilidad al inversionista, como un elevado pago de dividendos o una política de recompra de acciones que ayuden a disminuir su volatilidad.
En general, se trata de inversionistas de largo plazo que raramente cambian de idea sobre una determinada operación, ya que la selección de activos es bien cuidadosa y con miras al largo plazo.
Finalmente, se encuentran los cazadores de oportunidades que son aquellos que nadan en contra de la corriente de la opinión general, quienes, en momentos de pesimismo, compran lo que otros inversionistas prefieren descartar en base a su presente poco alentador, confiando en que las perspectivas de largo plazo no serán tan negativas como el resto del mercado evalúa.
Suelen elegir empresas pequeñas o escondidas y, habitualmente, lo hacen pensando en darle el tiempo necesario para que las preocupaciones generales, en ocasiones exageradas, vaya quedando de lado.
Si bien esta clase de inversionistas pueden ser muy rentables, los riesgos también son elevados. Es importante a la hora de aplicar este estilo contar con un conocimiento profundo de las firmas que se eligen, ya que un error de cálculo podría generar grandes pérdidas.

* Sala de Inversión América Saxo Bank

 

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