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Intimidad prestada

El tiempo de iniciar una relación con Jesús es ahora

Intimidad: Relación de amistad muy estrecha y de gran confianza. Así define Google la palabra intimidad. La RAE dice: Amistad íntima.2. f. Zona espiritual íntima 

y reservada de una persona o de un grupo, 

especialmente de una familia.

Ninguna relación importante carece de intimidad. Mucho menos nuestra relación con Dios. Pero por alguna razón, hemos pensado que esto puede ser posible. Tal vez fue una enseñanza religiosa la que nos hizo creer que Dios no era lo suficientemente cercano o personal, como para querer relacionarse con nosotros, de tú a tú.

Sin embargo, la Biblia es precisamente la historia de un Dios queriéndose acercar constantemente a su creación de manera personal e íntima, como solo un amigo querido puede acercarse a nosotros, aque que nos conoce tal como somos y en quien nosotros confiamos.

Si leemos Génesis, a Abraham se le llama “el amigo de Dios”, ¿cómo pudo él haber llegado a ser tan cercano que Dios lo llamó su ‘amigo’? La respuesta la dice la misma escritura, Abraham creyó y confió en Dios contra todo pronóstico, por eso se le llama “el padre de la fe”. El simplemente creyó en las promesas que le hizo Dios, y esperó por ellas sin dudar ni siquiera en los momentos más duros.

Cómo será el amor inmenso de Dios Padre por nosotros, que dio a su único hijo, Jesucristo, en rescate de todos, solo para tener una relación contigo y conmigo. El precio fue altísimo. Pero para Dios, valimos la pena.

¿Es posible ir directamente a Dios? No, y la respuesta está en la misma Biblia. Jesús dijo claramente: “nadie viene al Padre, sino es por mí” (Juan 14:6). Dios tenía que hacerse hombre (Jesús) para que podamos acercarnos a El. Las relaciones son de persona a persona. Por eso Dios no es una “fuerza” o “poder” ni “energía cósmica”, tampoco es “el universo”, sino el creador de él.

Pero de vuelta al título de este artículo, la mayoría de las veces, vivimos una “intimidad prestada” con Dios, que quiere decir que lo vemos a través de los lentes de otras personas. Oramos las oraciones de otras personas, las repetimos como si no pudiéramos tener la misma o mejor intimidad con Jesús. No es que sea malo orar lo que otros escribieron desde sus corazones para Dios. Lo malo es no tener esta conexión nosotros mismos. No estar sintonizados con la voz del Espíritu Santo (Juan 14:26-27).

¿Cómo? Me preguntan. Todo empieza con un genuino arrepentimiento. Si aun no te has dado cuenta que todos le fallamos a Dios y estamos “separados de su gloria” (Romanos 3:23) es tal vez que no te has puesto a pensar que nuestro modelo es Jesús y no hay ningún ser humano que le calce en santidad y perfección. Es por eso que la transacción de la cruz, donde su pureza recibió nuestra maldad (si, maldad, pues todo pecado es una ofensa a Dios, desde la mentira blanca, hasta un asesinato y lo que va medio de los dos), es más importante de lo que podemos pensar. Listo, no nos podemos salvar a nosotros mismos, por más buenos que seamos, sino lo crees, lee Efesios 2:8-9. Pero lo que sí podemos hacer es arrepentirnos (que no es remordimiento, sino cambio de mente) y pedirle perdón a Dios, y creer que el sacrificio de la cruz y esa sangre ya fue derramada para perdonarte a ti, a mí y a toda la humanidad.

El segundo paso es recibir y confesar a Jesús, invitándolo a vivir en nuestro corazón, como dice Romanos 10:9. Y el tercero, es nacer de nuevo por su gracia y su perdón, y pedirle al Espíritu Santo que nos llene. Todo esto es por fe. No es una fórmula. Debes experimentarlo tu mismo. De allí es que empieza a nacer una relación con el Espíritu Santo de Jesús y esa intimidad, esa confianza con él.

Nada ni nadie puede reemplazar esta relación. Como toda relación, va a ser fructífera si le damos tiempo de calidad. En tiempos de virus, lo mejor que podemos hacer es separarnos y orar (hablar con Dios), luego esperar y escuchar. Leer la Biblia, cantarle, adorar y dar gracias. Empezar a enamorarnos de su Presencia y de su Palabra (la Biblia). Saber que Dios no es mudo ni sordo, que está allí esperando hablar con nosotros.

Es imposible comprender cómo un Dios tan grande y amoroso, quiere estar contigo y conmigo, simples pecadores. Pero así es. Así es el Padre. El anhela una intimidad real, como ese esposo que anhela estar con su esposa. No a través de terceros, nada prestado de los demás, sino uno a uno.  

¿Estás listo para tener una intimidad propia, personal, con Jesús? La jornada apenas comienza.

NOTA: Si tienes alguna duda o pregunta, puedes escribirme a adriana@lafamiliadebroward.com

Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo.

Salmo 27:4

About Adriana Carrera

Adriana Carrera
Periodista y editora de medios hispanos en EE.UU. desde 1996. Ganadora de varios premios Oro de la NAHP por sus reportajes de negocios y educación.

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